viernes 2 de diciembre de 2022
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La ultraderecha latinoamericana no se acaba con la salida de Bolsonaro

El ascenso de Jair Bolsonaro al poder en 2018 fue fugaz y rotundo, y tomó por sorpresa a observadores locales e internacionales.

Un exmilitar de bajo rango y por entonces diputado era conocido por sus declaraciones misóginas y homofóbicas, pero no ostentaba mayor capital político. Su ascenso fue facilitado por dinámicas que llevaron a una vertiginosa oposición hacia el gobernante e izquierdista Partido de los Trabajadores (PT), que comenzó con movilizaciones masivas en 2013, motivadas por demandas de mejores servicios públicos mientras el gobierno realizaba masivas inversiones en megaeventos deportivos, la Copa Mundial de Fútbol de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016.

La entonces presidenta Dilma Rousseff, del PT, ganó por la mínima un segundo mandato en 2014. Pero el hartazgo político siguió creciendo, sobre todo por efectos de la recesión económica y de los escándalos de corrupción que golpearon al PT durante la Operación Lava Jato, una serie de investigaciones judiciales que llevaron a la cárcel a decenas de políticos y empresarios y desprestigiaron al sistema político – demonizando al PT.

Muy rápidamente, las movilizaciones giraron hacia la derecha, motorizadas por el Lava Jato, y finalmente desembocaron en el juicio político de Rousseff, en 2016, y en la condena y prisión del expresidente y líder del PT, Luiz Inácio Lula da Silva, en 2018.

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