martes 24 de mayo de 2022
Cursos de periodismo

La unidad gremial sorteó la prueba inicial, pero aún tiene desafíos

Si avanza en Diputados el proyecto de ley opositor que suspende los despidos por 180 días e impone la doble indemnización, Mauricio Macri quedará a tiro de su primer veto presidencial. El futuro de «la unidad en la acción» que escenificaron ayer las cinco centrales sindicales estará inevitablemente atado al desenlace de este brete en el que quedó atrapado el Gobierno.

La heterogeneidad de los dirigentes fue indisimulable. Hugo Moyano y Antonio Caló, jefes de dos de las tres CGT e identificados con el sindicalismo clásico y peronista, tragaron saliva antes de amenazar con una huelga general. Todo lo contrario a lo que expresaron sus colegas de las CTA, Pablo Micheli y Hugo Yasky, cuyas raíces están más cerca de la izquierda que del PJ. Micheli y Yasky están bajo presión: el gremio estatal de ATE, el más perjudicado por las desvinculaciones que activó el macrismo en el sector público, es el músculo gremial y económico de sus centrales.

Si no hay una reacción del Gobierno, Moyano y Caló prometen endurecer su reclamo, trasladar la próxima protesta a Plaza de Mayo, pero no un paro. Un eventual paro está aún muy verde. Mantendrán por ahora la frágil tregua que consensuaron con Macri. Y tal vez los gremialistas y el Presidente limen sus diferencias en el corto plazo, con un encuentro cara a cara. Sería inminente.

lanacion.com.ar  (www.lanacion.com.ar)