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martes 2 de marzo de 2021
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La vida después de Maradona

Ya se fue Diego Armando Maradona. Queda todo lo demás: la bronca política por el caótico velatorio, la investigación sobre las horas previas a la muerte y una herencia de volumen aún indeterminado, que deberá repartirse una familia numerosísima y no muy bien avenida. Llevará meses, o años, desbrozar los acontecimientos de los últimos días y resolver el legado. De momento, el presidente de la República, Alberto Fernández, ha sido denunciado penalmente por vulnerar los decretos sobre cuarentena que él mismo firmó y “contribuir a la propagación del virus”.

Hay aún otro punto de conflicto que se agudizará, probablemente, con el tiempo. El futbolista argentino fue enterrado en un cementerio privado, el de Bella Vista, al que el público en general no tiene acceso. Las únicas personas autorizadas para visitar la tumba del ídolo son, más o menos, las que estaban presentes en el sepelio: una treintena. Se hace difícil imaginar que el recuerdo físico de un héroe popular como Maradona pueda permanecer para siempre oculto. Incluso por las razones más mezquinas: se trata de una tumba de alto interés turístico.

Lo inmediato son las repercusiones políticas. El presidente Alberto Fernández quiso sacar rédito político del último adiós a Maradona, instalando la capilla ardiente en la Casa Rosada, y la jugada salió mal. El asalto al palacio presidencial fue retransmitido en directo por televisiones de todo el mundo, al igual que las cargas policiales. Fernández intentó al día siguiente despejar responsabilidades y culpó a la Policía de la Ciudad, dependiente de Horacio Rodríguez Larreta (jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires), por la “acción desmedida” de los antidisturbios.

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