viernes 22 de junio

La vida (y muerte) de los reporteros que cubren a la mafia italiana

En los últimos cuatro años, Paolo Borrometi ha vivido aislado durante gran parte de sus días, aunque casi nunca está solo. Durante muchos años, no ha podido caminar por los parques o las playas de su Sicilia natal. No puede ir libremente a un restaurante, un concierto o el cine. No puede conducir un auto ni salir de compras o ir a cenar, sin custodia.

Antes de salir a trabajar como reportero que cubre a la mafia, comienza todas sus mañanas con un expreso, un cigarrillo y su escolta.


En Italia, enojar a la mafia como periodista deriva en una vida solitaria. Sin embargo, Borrometi, de 35 años, no está solo. Casi doscientos reporteros italianos viven bajo protección policiaca, un caso único entre los países occidentales industrializados, según los grupos de activistas.

“Ninguno de nosotros quiere ser un héroe o una figura prominente”, dijo Borrometi hace poco ante un grupo de estudiantes de bachillerato en Roma, donde vive ahora. “Solo queremos hacer nuestro trabajo y nuestro deber, que es contar historias”.

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