Las audiencias en los medios públicos europeos, bajo la lupa

En la película The Anchorman, una comedia que cuenta la llegada de una periodista mujer a un noticiero de los años setenta -masculino, como todos en esa época-, varios equipos de periodistas de distintos canales de televisión se baten en un hilarante duelo callejero. Cuando irrumpe la banda del canal público, su physique du rol es evidente: polera y saco beige, patillas, pelo largo, pipa… detalles suficientes para diseñar un personaje fuera de la moda y algo más sobrio y sepia que sus cancheros colegas comerciales. Algo de ese estigma parece ir en línea con los hallazgos del último informe del Reuters Institute de la Universidad de Oxford sobre las audiencias de los servicios informativos de ocho medios públicos europeos: están envejecidas. La investigación muestra, además, que todas estas históricas instituciones encuentran más dificultades que sus competidores privados -tanto medios de comunicación como grandes plataformas online- para alcanzar audiencias con niveles menores de educación formal.

El estudio, realizado por Anne Schulz, David Levy y Rasmus Kleis Nielsen, analiza medios públicos de ocho países europeos bastante diversos entre sí -Reino Unido, Francia, Italia, República Checa, Grecia, España, Alemania y Finlandia-, pero parecidos en cuanto a que todos tienen una tradición robusta y niveles de audiencia más o menos significativos. Esta muestra, describen los autores, intenta abarcar medios con mayor financiamiento y mayor independencia del gobierno (como Alemania, Finlandia y el Reino Unido), medios comparativamente con menos recursos y, de acuerdo el caso, algo menos aislados del poder político (como los canales de los países mediterráneos) y un sistema, el checo, con recursos económicos más limitados y una historia reciente de independencia del poder político.