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jueves 29 de octubre de 2020
Periodismo . com

Las caras nuevas del anonimato en las vidrieras del coronavirus

Sin dudas, el año 2020 será recordado por ciertas imágenes: las caras tapadas en las calles, contrapuestas a las exhibidas, a la manera de mosaico, en las pantallas. Mientras tanto, en la web se comercializan todo tipo de ocurrencias, desde una remera estampada con la foto y el nombre de quien la viste, para que pueda reconocerse en la calle, hasta un bastidor de cartón de gran tamaño con la foto de una biblioteca para ser usado como fondo en videollamadas.

La escenografía bibliográfica no hace más que confirmar que en esta nueva modalidad de exhibición virtual es necesario, como nunca antes, ser responsables del diseño de sí, tal como lo define Boris Groys en su libro Volverse público, Las transformaciones del arte en el ágora contemporánea editado por Caja Negra en 2014. La hipótesis de Groys es simple: en un mundo donde todo es exhibible ya no queda tan clara la diferencia entre un artista que pinta rostros y la de alguien que se saca una selfie. Si todos somos artistas de nosotros mismos, tenemos la responsabilidad de nuestro propio diseño; una que, acorde con la biblioteca de cartón, es mucho más estética que ética. Aunque esta diferencia, dice Groys, haya perdido el valor que tenía en siglos anteriores.

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