Las democracias deben actuar en defensa del buen periodismo

Casi en todas partes, el periodismo está hoy en crisis. Y por desgracia, no obstante el papel fundamental de una prensa libre para el buen funcionamiento de la democracia, los gobiernos democráticos están haciendo muy poco por protegerla.

En todo el mundo, los medios tienen dificultades para adaptar sus modelos de negocios a la era digital; en particular, los periódicos locales están cayendo uno tras otro, lo que se debe en parte a la pérdida de ingresos publicitarios. Pero la falta de publicaciones locales de confianza deja a los lectores más vulnerables a narrativas falsas y titulares ‘cazaclics’ sensacionalistas. La marginalización del periodismo de calidad permite a líderes políticos en todo el mundo desestimar cualquier cobertura desfavorable tildándola de ‘noticias falsas’, y la falta de un conjunto compartido de hechos erosiona la confianza en la democracia y en el Estado de derecho.


Además, de Siria a Eslovaquia, los periodistas son víctimas de hostigamiento, secuestro, detención ilegal e incluso asesinato por hacer su trabajo. Y siguiendo un ejemplo perfeccionado en Hungría, Rusia y Turquía, el modelo dominante de propiedad de los medios ha pasado a ser la ‘captura de medios’, por la cual líderes políticos y sus secuaces ricos los usan para promover sus propios planes autoritarios e intereses económicos. Sin medios confiables que obliguen a los gobiernos y a las empresas a rendir cuentas, florece la corrupción. (Y la esperanza de que los ciudadanos ocuparan su lugar vía Facebook y Twitter ha sido categóricamente refutada).