Las franquicias de superhéroes estancan a (casi todas) las estrellas de cine

Si algún fanático ansía terminar rápido la lectura de sus cómics, probablemente sea por dos razones: la publicación inmediata de la próxima edición y las grandes películas sobre sus superhéroes favoritos interpretados por actores de carne y hueso.

Lo primero es imposible. Lo segundo no me pasó hasta que estrenaron “X-Men” en el año 2000, cuando ya era un adulto. Halle Berry interpretaba a Storm, un personaje oriundo de África y cuyos poderes mutantes controlaban el clima. Eso debería haberme encantado pero me preocupó.


¿Qué tiene que ver Halle Berry con Storm? Lo que vi fue más como si la actriz solo hubiese emulado la ardiente sensualidad de Storm. Lo sé, lo sé: es una actuación. Pero después de 16 años, y al menos cuatro docenas de películas, empiezo a pensar que se trata de otra cosa. Este conflicto se ha profundizado con una crisis personal: mi amor por los libros de cómics chocó con mi necesidad de estrellas de cine.