miércoles 21 de noviembre

Las internas en la Corte desconciertan al Gobierno ante los fallos que se vienen

El cambio en la Corte también resultó más problemático de lo esperado. Tanto para el Gobierno como para el nuevo presidente de los supremos, Carlos Rosenkrantz, las expectativas no coincidieron con la realidad. Si el rumbo de la economía ya le había dejado esa enseñanza al macrismo, el enroque en la Corte lo reafirmó. El cuarto piso del Palacio de Tribunales está hecho un hervidero, cargado de pequeñas venganzas personales, choques sobre la mirada del derecho y presiones políticas.

Y el Gobierno sufre indirectamente esa dificultad. Sobre todo cuando la Corte está a punto de fallar sobre una serie de causas sensibles para sus intereses: la forma de calcular las jubilaciones (podría beneficiar a 150 mil personas, generando un desembolso imprevisto), el desembarco bonaerense de Farmacity y el beneficio del 2×1 para los represores.


El reclamo del jubilado Lucio Blanco ya pasó por todas las vocalías. Pero quedó trabado en la de Rosenkrantz, quien por ahora se resiste en minoría (¿junto a Elena Highton?). La posibilidad de manejar los tiempos de las sentencias es la mayor ventaja de presidir la Corte.

Si bien no se trata de una división estática, en las últimas semanas se repitió un clima de 3 a 2 en contra de Rosenkrantz y su vice: la veterana Highton. El almuerzo de ambos en la Casa Rosada escenificó esa soledad. El grupo “peronista”, compuesto por Lorenzetti, Horacio Rosatti y Juan Carlos Maqueda, se negó a reunirse con Mauricio Macri, Marcos Peña y el ministro de Justicia, Germán Garavano.

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