Las licitaciones de dólares, un placebo con segundas intenciones

Desde este lunes, el Tesoro vende cada día, vía licitación, 60 millones de dólares prestados por el Fondo Monetario Internacional (FMI), en una estrategia para mantener tranquila la cotización de la divisa que resulta poco adecuada al momento, que suma dudas a futuro y que, más allá de sus objetivos declarados, parece más motivada por objetivos de tipo político y hasta electoral.

El pedido del ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, al FMI para que le aflojara las esposas y le permitiera influir de alguna manera en la cotización del dólar dentro de la amplísima “zona de no intervención” (ZNI) se produjo en momentos en que el mercado cambiario amenazaba con desatar un nuevo episodio de la corrida contra el peso. El Banco Central había exagerado con la baja de la tasa de interés, la inflación sumaba puntos de manera sorprendente y la divisa recuperó rápidamente posiciones en marzo. Faltaba todavía para que aparecieran los dólares de la soja y, en ese contexto, existían dudas respecto de la voluntad de sus dueños de venderlos o de atesorarlos en la mayor medida posible.


Sin embargo, los dólares del campo aparecieron, como podía esperarse, debido a la necesidad de los productores de pagar deudas y costos de la campaña pasada y de prepararse para lo que viene. El ritmo de liquidación, que en los últimos días ha tenido un piso de 100 millones de dólares diarios, resultó suficiente, al punto que el billete verde retrocedió en las cinco ruedas previas al debut de las licitaciones.

Así las cosas, ¿cuál es la utilidad de comenzar a usar justo ahora los 9.600 millones de dólares que el Fondo le autorizó al Tesoro a vender?

El debut del esquema parece extemporáneo.