jueves 13 de diciembre

Las medidas antiinflacionarias fracasan porque lo que hay que atacar es el alza de precios

El argumento con más convocatoria para la lucha contra la inflación afirma que es una fábrica de pobres. El argumento no es correcto. Lo que genera pobres es la voluntad política de no restablecer el poder de compra de los ingresos, perdido a causa del aumento de los precios. De ahí que resulta nada trivial distinguir inflación real de alza de los precios. Lejos, muy lejos, de tratarse de un juego de palabras. No son la misma cosa. En principio, las medidas que se tomen para enderezar la situación son muy diferentes si proceden de creer que son causadas por inflación o, en cambio, por alza de los precios.

La inflación real es un exceso del poder de compra nominal con respecto al valor nominal de la producción global —o sea: un exceso de la demanda sobre la oferta— a un nivel de precios dado. El aumento de ese nivel de precios es el medio para alcanzar un nuevo equilibrio. En otras palabras, la reacción automática del mercado aumenta el valor nominal de la oferta a la altura de la demanda. La inflación real, la inflación de demanda, por definición, no puede existir cuando falta demanda. El clamor antiinflacionario, que en nombre de no agravar la pobreza aúna a las almas bellas y feas, resulta desmentido así en su pretensión de que aquí y ahora se trata de inflación real.


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