domingo 28 de noviembre de 2021
Cursos de periodismo

Las revoluciones no hacen llorar a las madres

Es 8 de enero de 1959. Fidel Castro sube a un estrado en el cuartel militar Columbia, La Habana, y se dirige al pueblo enardecido que vitorea el triunfo de su ejército rebelde sobre las fuerzas de Fulgencio Batista. En un momento de su discurso, Castro dice: “El crimen más grande que pueda cometerse hoy en Cuba, repito, el crimen más grande que pueda hoy cometerse en Cuba sería un crimen contra la paz (…) Todo el que haga hoy algo contra la paz de Cuba, todo el que haga hoy algo que ponga en peligro la tranquilidad y la felicidad de millones de madres cubanas, es un criminal y es un traidor”.

Sesenta y dos años después de aquel discurso que presentó lo que sería “La Revolución Cubana”, las madres de mi familia —por las que puedo hablar— llevan días sin dormir, días de desconsuelo. El motivo: en las últimas semanas, el aparato de propaganda del régimen cubano ha comenzado una campaña de difamación en los medios de comunicación del Estado contra opositores, artistas y periodistas independientes. El objetivo de la campaña es desprestigiar a una naciente sociedad civil, que se ha empoderado desde la llegada de internet a la isla y que está pidiendo cambios a un gobierno que lleva más de seis décadas sin escuchar los reclamos de sus ciudadanos, y de este modo asestarle una especie de muerte cívica a las voces disconformes.

washingtonpost.com  (www.washingtonpost.com)