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lunes 10 de mayo de 2021
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Las vacunas exclusivas para el fútbol amplían la brecha entre protagonistas y espectadores

El fútbol sudamericano vive en su burbuja. Los planteles que el martes 20 de abril comenzaron la fase de grupos de la Copa Libertadores, el torneo continental más deseado por los equipos, tendrán pasillos sanitarios para moverse entre los diez países de la región, llegarán testeados a sus destinos —sin mantener contacto estrecho con personas ajenas a sus delegaciones— y no tendrán la obligación de cumplir cuarentena al arribar a sus países. Lo mismo ocurre con la Copa Sudamericana, que inició el mismo camino esta semana.

Es parte del protocolo de la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol) para garantizar sus certámenes y cuidar a equipos como Palmeiras, el campeón vigente de la Libertadores, valuado en casi 150 millones de dólares. Desde ahora, además, esos futbolistas tendrán a disposición una dosis de la vacuna contra el COVID-19, ese bien por el que pujan y negocian todos los gobiernos del mundo para inmunizar a sectores prioritarios de su población. Si el historiador y sociólogo británico David Goldblatt dice que el fútbol es el reflejo más extraordinario de la sociedad, el acuerdo de la Conmebol para recibir una donación de vacunas por parte del laboratorio chino Sinovac Biotech lo convierte directamente en una sociedad paralela. Tiene sus propias reglas y también sus privilegios.

Una región sumergida bajo la segunda ola pandémica, con un nivel de vacunación que en su mayoría no llega a completar la inmunización de su población de riesgo, observa desde la ventana cómo la industria del fútbol consigue vacunas para jóvenes veinteañeros o treintañeros saludables, dedicados a entretener con la pelota. El contraste se hizo visible con la efusividad del anuncio. “¡La mejor noticia para la familia del fútbol sudamericano!”, se tituló el comunicado de la Conmebol. Solo unos días antes, la directora de la Organización Panamericana de la Salud, Carissa Etienne, advertía que en ningún lugar las infecciones preocupaban tanto como en Sudamérica. Por citar un país, mientras la Conmebol se jactaba de sus vacunas exclusivas, Argentina avanzaba hacia mayores restricciones para evitar el desborde sanitario, con récords de contagios y más de 58,000 muertes por COVID-19.

washingtonpost.com  (www.washingtonpost.com)