lunes 24 de septiembre

Las vidas de Chicha

Ya murió otras veces y volvió a vivir. Se sintió fallecer el 24 de noviembre de 1976, cuando la casa de calle 30 entre 55 y 56, en La Plata, donde vivían su hijo, su nuera y su nieta, fue el blanco de un bombardeo intenso como pocos en el marco de la represión de las organizaciones políticas armadas durante la dictadura. Volvió a respirar cuando supo que Daniel estaba vivo, pero se sintió otra vez muerta cuando fue asesinado pocos meses después. Renació enseguida, al llegar a sus oídos que Clara Anahí había sido sacada con vida de entre los escombros. Vivió 40 años más, motivada por la búsqueda de aquella niña que tenía tres meses cuando ella la vio por última vez. Y convirtió ese dolor en lucha colectiva con otras abuelas que atravesaban el mismo calvario. En el camino, creó su propia Asociación, trajinó por el mundo y se desangró en la declaración en el juicio que terminó con la condena al máximo responsable de aquel ataque. Casi en el final del camino, en 2013, sobrevivió huyendo por la terraza de su casa a la inundación que estropeó casi todo su archivo y se llevó la vida de varios de sus vecinos. Empezó a morir por última vez en la Noche Buena de 2015, cuando la esperanza de ver cumplida la razón de su vida se estrelló contra la desilusión del dato falso. Nunca pudo recuperarse. Las noticias y la biología hablan, ahora sí, de la muerte de Chicha Mariani. Pero ella ya reencarnó en los jóvenes que se acercan a la Asociación Anahí para continuar con la búsqueda. “Va a aparecer, aunque yo no la vea”, había dicho no hace mucho, cuando asumió -tal vez antes que quienes la rodean- que el final estaba cerca.


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