Latido: de la recesión a la crisis en primera persona

Visitar un kiosco de revistas a fines de los noventa todavía era una aventura fascinante. En un mundo en el que las revistas impresas aún resultaban atractivas, y hasta conservaban cierta relevancia en el debate público, la excursión hasta la esquina del cruce de avenidas para ver qué había salido era una puerta de entrada a un universo de maravillas: revistas temáticas, revistas importadas, publicaciones nacionales consagradas, publicaciones nuevas que buscaban su espacio en ese universo abigarrado y saturado de impresos, libros, fascículos, cds, dvds. Y detrás de todo aquello, una industria que todavía parecía próspera, con profesionales bien remunerados, equipos de investigación, redacciones sólidas y reconocimiento social de la labor periodística. “Nos aplaudían por la calle, éramos héroes”, dijo hace poco Marcelo Zlotogwiazda rememorando aquellos años en los que los medios gráficos parecían oficiar de fiscales de la república. Sin embargo, no siempre lo que refulge es el tesoro del rey; en la noche de El Dorado puede ocultarse un camión de frente. Y la Argentina del cambio de siglo transitaba una curva peligrosa. La recesión comenzaba a arreciar, la crisis preludiaba al estallido, y la irrupción de los medios digitales se preparaba para modificar de una vez y para siempre el modelo de negocios.