miércoles 12 de diciembre

¡Lean el bendito manual!

Las siglas RTFM eran la respuesta que con mayor frecuencia uno recibía tras preguntar en un foro de Linux alguna tontería que, en efecto, figuraba en el manual. La traducción más elegante sería “¡Leé El Maldito Manual!”, y en el título opté por una versión menos agresiva. Pero en inglés suena un poquito más fuerte, ya saben. En Unix/Linux, de hecho, existe la instrucción man, que, seguida del nombre de un programa (por ejemplo, man grep), pone en pantalla todo la ayuda disponible. Era una solución práctica en la época en la que no existían las interfaces gráficas, y a mi juicio sigue siendo muy útil.

Pero, más allá de las anécdotas y las siglas carentes de tacto, el manual del usuario es uno de los componentes fundamentales de cualquier cosa electrónica y, con no poca frecuencia, también del software. Sólo que el software no se rompe, mientras que los dispositivos, sí.


La historia más antigua que conservo en mi memoria respecto de los manuales de uso tiene que ver con un vocoder de Korg, de uno de los miembros de la banda en la que intenté participar en mis veintes. Lo había comprado usado y fuimos a su casa a probarlo. Por su casa me refiero a la de sus padres. Recuerdo que le pregunté por el manual. Todos me miraron como si, frente a un arcón repleto de monedas de oro, hubiera solicitado el recibo correspondiente. Y se pusieron a jugar con el instrumento.

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