«Leaving Neverland»: ¿se puede seguir escuchando a Michael Jackson como si nada?

Las cuatro horas de Leaving Neverland son arrasadoras. Es imposible salir de la experiencia sin quedar impactado por el relato de estos dos jóvenes que fueron abusados por Michael Jackson a lo largo de varios años en pleno desarrollo de su infancia. No es que los hechos no se conocieran o sospecharan: el ídolo pop debió enfrentar juicios de los cuales salió absuelto o con millonarios arreglos extrajudiciales. Tampoco resulta sorprendente que la sexualidad del cantante -famoso por su excentricidad extrema, por su infantilismo e inmadurez combinados con el poder omnímodo de una estrella en la era global- fuera perversa y abusiva.

Sin embargo, el hecho de escuchar con lujo de detalles no solo cada una de las escenas sexuales que los niños tuvieron que atravesar en la cama de su ídolo sino también el proceso de seducción previa y el abandono al cabo de un tiempo cuando un nuevo infante ocupaba su lugar, es realmente demoledor. Es cierto que el documental no muestra ninguna voz opuesta al discurso de las víctimas pero los dos jóvenes sostienen su testimonio de manera muy convincente: son inteligentes y articulados y su relato encaja perfectamente con la estrafalaria vida del cantante. Es un hecho admitido en los juicios que Jackson compartía noches enteras durmiendo con niños en la misma cama. Creerle a un niño intimidado y encandilado con la fama de su ídolo que no había habido ningún tipo de contacto físico era un acto de fe un tanto ingenuo.


Los detalles íntimos son relatados crudamente. Sin embargo, los momentos más emotivos para los testimoniantes tienen que ver con la disolución de las familias, el desapego de los padres, la entrega de un hijo como ofrenda al dios de la popularidad. La cercanía a una estrella como Michael Jackson funciona como una bomba radiactiva, que deja secuelas inmediatas y otras que se van desplegando en el tiempo. Más allá de sus imperfecciones, es de esperar que Leaving Neverland funcione como un paso más de la catarsis sanadora de esos jóvenes y de aquellos otros que pasaron por la misma situación abusiva sin la posibilidad de contarlo a viva voz.