miércoles 18 de mayo de 2022
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Lecciones del caso de la cocaína adulterada: ¿cómo se puede proteger al consumidor de un producto ilegal sin que signifique apoyar ese consumo?

Una gota de carfentanilo puede matar a un ser humano en muy poco tiempo. Antes de que la mención de ese químico llegara a todos los medios por el caso de la cocaína adulterada (justamente con carfentanilo), solo los veterinarios lo sabían. Pero entre el 2 y el 3 de febrero, con la muerte de 24 personas y más de 80 intoxicaciones en el noroeste de la provincia de Buenos Aires, el carfentanilo, un opioide relacionado con la morfina, se hizo conocido. ¿Para qué se usa? Sirve como anestesia para elefantes, hipopótamos y rinocerontes. Y luego de que haya sido mezclado con cocaína —todavía no sabe oficialmente si fue adrede—, surge una pregunta: ¿cómo se puede proteger al consumidor de un producto ilegal, sin que eso signifique dar apoyo a ese consumo?

Admitir que hay gente que se droga y proponerle ayuda y cierto control para evitar un mal mayor es un abordaje que se llama “reducción de daños”. No es un apoyo al consumo, sino un replanteo de paradigma, según los especialistas. El concepto fue ideado a partir de las experiencias de Liverpool, Ámsterdam, Rotterdam y otras ciudades de Europa en los años ’80. Implementaban acciones como el intercambio de jeringas y la dispensación clínica de metadona para usuarios de heroína. Pero en la Argentina actual, la gran pregunta es si pueden convivir la lucha contra el narcotráfico con la seguridad del consumidor.

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