martes 27 de septiembre de 2022
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Lecciones del pragmatismo alemán para el ajuste frentetodista

El drástico ajuste fiscal, monetario y de ingresos que inició Sergio Massa con el discreto aval de Cristina Kirchner tiene un parentesco lejano con el giro que pegó a pocos meses de asumir en Alemania la coalición «semáforo» liderada por los socialdemócratas (rojos) e integrada por el Partido Verde y los liberales (amarillos). Como el desesperado intento frentetodista de estabilizar la economía aún a costa de sacrificar las últimas simpatías que concita entre sus votantes de 2019, las últimas decisiones de Olaf Scholtz y su gabinete desconocen las promesas electorales que hicieron al menos dos de esas tres fuerzas el año pasado. Sin embargo, pese a que la inflación interanual del 7,9% es motivo aquí de quejas cotidianas y también horadó su popularidad, la cercanía geográfica de la guerra y un estilo comunicacional frontal, opuesto al festival del eufemismo argentino, le evitaron a la coalición parte del daño que podría haber sufrido al contradecirse tan flagrantemente.

Aunque la imagen pública de Scholtz se deterioró muy rápido apenas Rusia invadió Ucrania y los precios de los productos básicos en toda Europa empezaron a subir, el sucesor de Angela Merkel mantiene el apoyo de su partido (el más votado en 2021) y funciona como árbitro de sus dos socios en la coalición. La figura más popular del gobierno es el vicecanciller Robert Habeck, ministro de Economía y Clima, quien hasta junio era respaldado por más de la mitad de la población. El mes pasado cayó a menos del 40%, según el diario Bild, pero empezó a repuntar nuevamente tras el anuncio de nuevos subsidios para atemperar las subas de la energía y de la estatización de la petrolera rusa Rosneft y luego de la mayor distribuidora de gas del país, Uniper, anunciada esta semana y bienvenida por el electorado.

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