viernes 16 de noviembre

Lehman, los espíritus animales y el fracaso de los progresistas

Hace diez años, este mes de septiembre, se permitió quebrar al banco de inversión estadounidense Lehman Brothers en medio de la Gran Recesión de 2008-9. En realidad, la crisis financiera había comenzado en agosto de 2007, cuando los bancos de inversión en Europa sufrieron las primeras pérdidas. Pero la caída de Lehman es el punto de partida habitual para los estadounidenses. Para conmemorar este acontecimiento tan poco edificante, antiguos empleados de Lehman al parecer van a reunirse en una fiesta para ver como les ha ido desde entonces.

Varios autores han publicado análisis de por qué Lehman quebró y cual fue la causa de la mayor crisis financiera global en la historia del capitalismo hasta ahora. La más completa es Crashed, de Adam Tooze, que recientemente he comentado. Pero ha habido otros análisis de periodistas financieros, como el de Gillian Tett en el Financial Times, una observadora atenta de la carrera hacia el desastre, en la medida en que los bancos de inversión ampliaron su ‘ingeniería financiera’ con nuevas y exóticas formas de valores y ‘derivados’.


Para ella, las crisis financieras como la de Lehman comparten dos cosas. “En primer lugar, el período anterior a la crisis está marcado por la arrogancia, la codicia, la opacidad – y una visión unilateral de las entidades financieras que hace que les sea imposible evaluar los riesgos. En segundo lugar, cuando la crisis golpea, hay una pérdida repentina de confianza de los inversores, de los gobiernos, de las instituciones o de los tres”. La arrogancia se convierte en su contrario; o lo que Keynes llamó los “espíritus animales” desaparecen de repente.

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