Lenguaje inclusivo: ¿Moda, política o una lucha más contra la desigualdad?

Chicas, chicos, chiques, [email protected], chicxs. Algunos lo usan de forma naturalizada, a otros les cuesta e intentan incorporarlo aunque se equivoquen, y otros tantos lo rechazan casi con repulsión. Lo cierto es que lo que se denominó como «lenguaje inclusivo», tanto en la forma escrita como en la hablada, interpela y deja en evidencia las desigualdades y las exclusiones de un universo que ha sido regido por siglos por el orden binario y el poder machista.

El mundo está cambiando de a poco y cada paso de las luchas del feminismo y los movimientos por la diversidad sexual y de género, son de un esfuerzo inmenso. El lenguaje inclusivo que cobró protagonismo en el último tiempo entre los más jóvenes, que se rebelan contra lo establecido en favor del crecimiento, la evolución y la igualdad, no es una moda, no es un capricho y no es una imposición como algunos creen. Más bien es la búsqueda de un futuro distinto a lo que se conoce hasta el momento, y es la forma que encontraron para incluir a todos los géneros que existen sin juzgar y sin prejuicios, y para poder arrancar del lenguaje al masculino como única representación de lo genérico.


«El lenguaje inclusivo es una intervención del discurso público que busca crear en el auditorio consciencia acerca de la persistencia de una injusticia social», definió en diálogo con Crónica y a modo de postura personal, el lingüista y lexicólogo Santiago Kalinowski, director del Departamento de Investigaciones Lingüisticas y Filológicas de la Academia Argentina de Letras.