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martes 28 de septiembre de 2021
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Libertad robada. El montaje de una banda de secuestradores

Seis hombres con trabajos y vidas comunes comparten una misma historia: un funcionario, un empleado de la Comisión Nacional del Agua, un asesor de afores y tarjetas de crédito, un demostrador en un supermercado y dos actores en ciernes que se ganan la vida como extras en la televisión. La policía del estado de Tlaxcala, en México, los detiene a todos ellos, acusados de conformar una banda de secuestradores.

Aunque fiel a los hechos, este inicio es insuficiente. Si siguiéramos el registro de los periódicos, esta historia comenzaría el 16 de agosto de 2002: “La Unidad Especializada en Delincuencia Organizada, en coordinación con autoridades estatales, capturó en el Estado de México a seis integrantes de la banda de secuestradores ‘Los Kempes’, a los cuales se les atribuyen al menos dos plagios que cotizaron en 12 millones de pesos cada uno”, publicó el diario Reforma —y los medios que cubrieron el caso—, una historia que presentaron como un triunfo de la procuración de justicia en México. Pero se dejaron de lado “detalles” cruciales, como que ninguno de los acusados estuvo en Tlaxcala durante los secuestros o que su residencia y actividades no tenían nexo alguno con la entidad federativa que los acusaba.

Para los diarios, fue un caso resuelto: la policía logra atrapar a “los malos”. Pero este principio es falso, más cercano a la ficción que al periodismo, porque las autoridades obtuvieron las pruebas con las que sustentaron el caso mediante tortura y falsificaciones o, directamente, las fabricaron. Para contar la historia de estos seis hombres, José María, Sergio, Jorge, Hugo, Ricardo y Oswaldo, a quienes el gobierno les destrozó la vida, al detenerlos sin órdenes de aprehensión ni apego a sus derechos humanos, debemos empezar por el origen de los hechos.

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