Lítote o el miedo que nos da decir la verdad

Vivimos en un tiempo en el que nos cuesta llamar a las cosas por su nombre. Nos aterra la rudeza de ciertas expresiones y la rotundidad de su significado, así que preferimos darle una vueltecita y trabajarlo todo un poco más para no herir susceptibilidades, que las pieles andan muy delicadas últimamente y los rasguños no son aceptables.

A eso de suavizar ciertos comentarios y expresiones, de atenuarlos o de formar perífrasis que quieren decir lo contrario de lo que se dice, se le llama lítote o litote (también lítotes o litotes). Cosas como «muy guapo no es» (es feo), «no te falta razón» (tienes razón), «no soy muy amante de los rollos de una noche» (no me gustan nada) o «eso no está bien» (está mal).


La lítote (la esdrújula le da más empaque a la palabra, ¿no es cierto?) es una figura retórica que se engloba dentro de la atenuación. Dice la Wikilengua que «se trata de una estrategia comunicativa que se manifiesta a través de distintos mecanismos lingüísticos y que sirve para suavizar, por un lado, el mensaje de un hablante y, por otro, la intención con que se emite».

Así, continúa, lo que se consigue es mitigar el impacto que pueda tener nuestra opinión en el oyente y nos distancia del mensaje para que nuestro interlocutor acepte lo que le decimos.