domingo 2 de octubre de 2022
Cursos de periodismo

Llegará un momento en el que cada actor solo pueda hacer de sí mismo

En el rodaje de Maratón de la muerte a mediados de los ’70 del siglo pasado, Laurence Olivier le preguntó a su compañero de elenco Dustin Hoffman cómo le había ido con una escena en la que su personaje había estado sin dormir durante 72 horas. Hoffman, imaginamos que con penurias e intensidades diversas bien aprendidas del Método, le dijo que él también había estado sin dormir durante 72 horas para lograr verosimilitud emocional. Olivier, ya un señor mayor y con elegancia y prestancia, le respondió esto: “Querido, ¿por qué no intentás actuar? Es más sencillo”. Bueno, en realidad Olivier le habló en inglés, y Hoffman también le dijo lo que le dijo en inglés. Así que acá estamos traicionando todo porque estamos traduciendo, poniendo algo en medio de las cosas.

Para mayor traición, el señor Olivier, inglés de lo más inglés que ha dado esa tierra, devoto de Shakespeare y hasta con título nobiliario, interpretaba en Maratón de la muerte a un criminal de guerra nazi llamado Szell. A ver, responsables de Maratón de la muerte, ¿no tenían por ahí a un criminal de guerra nazi real para interpretar el papel de Szell? ¿Encima un inglés? ¿Esto no era “apropiación cultural”? Para peor, al impostor inglés encima lo nominaron al Oscar como actor de reparto.

Recordemos que Olivier, ni lento ni perezoso, además, había interpretado a un viudo en Rebecca y no era viudo en ese momento y ni siquiera fue viudo después. Por otro lado, el taimado de Laurence nació en la primavera del norte y su personaje en Rebecca se llamaba Maxim de Winter (“de invierno”). Resultó una acumulación de falsedades este tan mentado actor al final, como bien podíamos suponer por lo que le dijo al bueno de Hoffman; menos mal que no le dieron el Oscar por Maratón de la muerte.

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