lunes 26 de septiembre de 2022
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Llenar el álbum Panini del Mundial es un retorno a la infancia

Estoy en un grupo de Telegram que inunda mi teléfono de notificaciones. Se llama “Tradeo figus Qatar 2022” y tiene más de 350 miembros, todos desconocidos. Se armó unos días previos a que la editorial italiana Panini sacara a la venta el álbum del Mundial de manera oficial. Los que habían salido de modo anticipado ya estaban agotados, lo que generaba cierta desesperación. También una necesidad: nadie quiere quedarse afuera. “Buenas! Consulta, no tengo el álbum a mano, alguien sabe qué número de figu es Tajon Buchanan de Canadá?”, pregunta Mati. Hay oferta y demanda, hay consultas sobre dónde comprar paquetes al por mayor y hay bromistas pesados: alguien difunde un teléfono para conseguir sobres a buen precio pero el dueño del número no es un vendedor y su WhatsApp explota. En el grupo hay preguntas por el álbum y también hay jactancia: alguien ya tiene a Lionel Messi y Cristiano Ronaldo.

Figuritas —o figus— es el modo en el que le decimos en Argentina y Uruguay. Son las estampitas en México, las láminas en Chile y las postalitas en algunos países de América Central. O los cromos en cualquier lugar. También cambia el tamaño del álbum. Si en México, Chile o Brasil hay que ocupar 670 espacios en blanco, en la Argentina son 638. Pero más allá de nombres y cantidades, el ritual es el mismo. Se trata de llenarlo, lo que es también engordarlo, deformarlo, darle sus nuevos colores por dentro. Verlo crecer.

Los Mundiales son una medida de tiempo. Podemos construir y ordenar nuestros recuerdos a través de ellos, lo que pasó cada cuatro años. Amores, viajes, separaciones, trabajos, un nacimiento, el lugar donde vimos un partido, la pérdida de un ser querido. Por eso fue tan caro el intento de modificación que quiso hacer Gianni Infantino: organizarlo cada dos años trastocaría los relojes.

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