viernes 16 de noviembre

Lo que Europa y sus exitosos semifinalistas le deben a la inmigración en el Mundial de Fútbol

No hay debate más transcendental en el seno de la Unión Europea que la inmigración. Propulsó el voto favorable a la salida del espacio comunitario de Reino Unido, aupó a Marine Le Pen a rozar la presidencia de Francia, ha causado un sinfín de turbulencias políticas a la coalición de gobierno de Angela Merkel y se ha configurado como la prioridad fundamental para el electorado italiano. Todo ello dejando de lado su ubicuidad total en el resto de países del este y el norte de Europa.

A menudo, el debate se configura en sentido negativo. Los partidos que prosperan gracias a la inmigración lo hacen agitando sentimientos de agravio, cierta xenofobia y cuestiones culturales. Sin embargo, Europa le debe mucho a la inmigración. Al menos en lo relativo al Mundial de Fútbol.


Pensemos en tres de los cuatro semifinalistas de la por otro lado muy europea Copa del Mundo 2018. Francia, Inglaterra y Bélgica son recipientes netos de inmigrantes: lo son tanto por su legado colonial, muy explícito en el caso de la inmigración subsahariana y argelina en Francia y por los migrantes pakistaníes o jamaicanos en Reino Unido, y por su carácter desarrollado y próspero. En Francia el 12% de la población es migrante, en Inglaterra, el 13% y en Bélgica, el 12%.

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