martes 17 de mayo de 2022
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Lo que he aprendido viendo todo «Los Simpson» durante 716 días

Ya lo avisaron: nadie piensa en los niños. Por eso para toda una generación de españoles, Los Simpson era una rutina básica. Despertarse, desayunar, cole, ir a casa a comer, ver dos capítulos de 14.00 a 15.00 antes de Matías Prats y volver al cole. Para los que nos quedábamos en el comedor, la tele no era una opción, así que pasar ese rato en Springfield en fines de semana y vacaciones era religión. A poder ser con episodios que habíamos visto cientos de veces. Antena 3 mantuvo esa tradición unos 20 años. Su recuerdo nos transporta al instante.

A veces parece sencillo menospreciar Los Simpson. Es una serie tan fundida a nuestros huesos que se da por hecho. Pero cuando aterrizó en 1989 no solo era la primera serie animada emitida en horario de máxima audiencia en EE UU en dos décadas —desde Los Picapiedra—, sino que además en la recién fundada Fox les pareció espantosa. Ni los guionistas querían trabajar allí. Apostaron que no pasaría de seis semanas. Con tres meses de retraso, se estrenó el último domingo antes de Navidad con un especial. La mañana siguiente ya era un fenómeno llamado a cambiar la animación y la comedia televisiva. Para algunos guionistas, seis semanas se convirtieron en 33 años. La ficción semanal más longeva de la historia está hoy tan zurcida en el subconsciente anglosajón y global como Shakespeare y Superman.

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