Lo que no sabes del porno

Durante seis años, me sumergí en el funcionamiento de la industria para adultos. Como editora del blog de pornografía Fleshbot, pasé horas navegando por el lado XXX de internet y familiarizándome con todo tipo de perversiones y actos sexuales poco comunes. En este momento de mi carrera, puedo aventurarme a decir que quizá no haya una imagen pornográfica que logre impactarme. Lo que sí me conmociona, por otra parte, es lo desinformado que es el discurso público en lo que respecta al porno.

En los diez años que han transcurrido desde que escribí mi primera entrada en el blog de Fleshbot, la popularidad del porno por internet se ha disparado. No obstante, aunque el consumo de pornografía se ha convertido en un hábito aceptable, seguimos considerándolo algo exótico e inherentemente peligroso para nuestra salud y felicidad.


Los argumentos que surgen en las publicaciones estadounidenses en la actualidad —y que suelen repetir los lectores— no son muy diferentes de las diatribas en contra del porno que se escriben desde hace décadas. Un artículo publicado recientemente en New York Magazine —que describe a Pornhub, una de las principales páginas de pornografía, como “el Informe Kinsey de nuestra época”— argumenta que la variedad de perversidad que se encuentra en el sitio da lugar a una mayor exploración sexual exótica, entre los usuarios presumiblemente convencionales; otros comentaristas, incluyendo a Cindy Gallop, fundadora del sitio web MakeLoveNotPorn, también han hablado largo y tendido sobre la influencia que tiene la pornografía en nuestros gustos y comportamientos sexuales.