Lo que podemos aprender del sistema de salud de Cuba

Claudia Fernández, de 29 años, es una contadora que carga en su vientre abultado a su primogénita, que nacerá en abril.

Fernández vive en un apartamento pequeño en una calle con baches y no le alcanza el dinero para comprar un auto. También se las arregla para sobrevivir sin un voto efectivo y sin el derecho a hablar de política con libertad. Sin embargo, la paradoja de Cuba es la siguiente: al parecer, su bebé tiene más probabilidades de sobrevivir de las que tendría si naciera en Estados Unidos.


Cuba es una nación pobre, con un régimen opresor y una economía disfuncional, pero en el ámbito de la atención médica realiza un trabajo asombroso del que podría aprender Estados Unidos. De acuerdo con estadísticas oficiales (las cuales, como veremos, han suscitado debates), la tasa de mortalidad infantil en Cuba es de solo 4,0 muertes por cada mil nacimientos. En Estados Unidos, es de 5,9.

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En otras palabras, según las estadísticas oficiales, un bebé estadounidense tiene casi un 50 por ciento más de probabilidades de morir que uno cubano. De acuerdo con mis cálculos, eso significa que 7500 niños estadounidenses mueren cada año debido a que la tasa de mortalidad infantil de Estados Unidos no es tan buena como la que se reporta en Cuba.

¿Cómo es posible esto? Bueno, el porcentaje podría no ser del todo correcto. Las cifras deben considerarse con una dosis de escepticismo. Sin embargo, no cabe duda de que una de las fortalezas más importantes del sistema cubano es que garantiza el acceso universal. Cuba tiene el “Medicare para todos” que muchos estadounidenses anhelan.