Lobby nivel Dios

“¿Saben por qué los laboratorios argentinos producen medicamentos con marca? Porque esas marcas son garantía de calidad, seguridad y eficacia, propias de una industria líder”. El publituit desde la cuenta de Marcelo Longobardi del 28 de noviembre de 2018 (bit.ly/35H0lNN), que incluía una imagen con el logo de la Cámara Industrial de Laboratorios Farmacéuticos Argentinos (Cilfa) merecería estar en un cuadro en el museo de la influencia de los popes de los remedios argentinos en el debate público. Los tipos logran que el periodista número uno de la radio escriba como de motu proprio una reflexión sobre la importancia de fabricar medicamentos en el país, como si fuera Rocío Guirao Díaz posteando una foto en bikini desde un hotelazo en Tulum diciendo “vacaciones en familia”.

Semejante exhibición de poder tal vez solo sea comparable a la del sello de los laboratorios extranjeros nucleados en la Cámara de Especialidades Medicinales (Caeme), que habitualmente consigue exponer sus posiciones sobre precios y regulaciones a través de la Embajada de los Estados Unidos y la Cámara de Comercio Argentino Estadounidense (Amcham), mensajes que suelen coincidir con lo que publica la pluma top de la información política, Carlos Pagni, en el diario La Nación, donde siempre aparecen críticas a la producción nacional de y sus principales referentes, los de la promoción de Longobardi.