martes 30 de noviembre de 2021
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Longobardi y el éxito de audiencias que duró el doble de la Segunda Guerra Mundial

Alberto Cormillot llevó la cuenta de los días que duró el éxito radial inigualable de Marcelo Longobardi: 5406. Más del doble de lo que duró la Segunda Guerra Mundial. Imposible no apegarse a esa tibieza. Pero Longobardi rompió filas inspirado en una frase de Anna Fornés sobre cómo centrarse en producir deriva en la obsolescencia, en un artículo de The New York Times sobre el cambio de época y en la aceptación de cierto hastío confesado “hasta ahí”.

Con los legendarios “¿no?”, “¿eh?”, “¿verdad?” con que adornó el final de sus frases todas las mañanas de una era radial que posiblemente se vaya con él, describió con lucidez (una lucidez que no se encuentra en las altas cumbres de las que decidió bajar en frecuencia zen) la experiencia engañosa del éxito, a la que le adjudicó causas múltiples y la extrañeza del malentendido.

Para musicalizar en clave de melodrama épico la despedida, su hijo Franco le mandó la canción Let somebody go, de Coldplay con Selena Gómez. Longobardi la describió como una canción que recomienda “dejar ir las cosas para que se mantengan puras”. No es lo que dice le letra, que habla de una ruptura entre amantes, pero en una despedida no debe haber reproches para nadie. Ni siquiera para el traductor más importante de la realidad argentina a la escala del parlamento radial.

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