López Obrador se puede convertir en el Donald Trump de México

Arrolladoras, radicales, audaces. Esas son todas buenas descripciones de las reformas estructurales promulgadas por el gobierno mexicano en los últimos tres años. Desafortunadamente, también son consideradas un fracaso.
El crecimiento económico, en vez de volver al 4% y más anual, se mantuvo apenas por encima de 2%. El mercado de valores murió, mientras el peso fue lentamente perdiendo terreno y no sólo contra el dólar.

Todo eso hizo que los inversores internacionales que respaldaban con entusiasmo al presidente Enrique Peña Nieto y sus programa de reformas en energía, telecomunicaciones, medios y régimen fiscal se convirtieran en críticos y decidan deshacerse de sus activos mexicanos.


Sin embargo, los administradores de fondos no se muestran tan negativos como los propios compatriotas del presidente.

La mitad de ellos cree que las reformas del gobierno están perjudicando al país y 60% sostiene que la depreciación del peso es culpa de la administración, según una reciente encuesta de opinión. Si se le agrega el fracaso en la lucha contra la delincuencia y la corrupción, sorprende poco que nueve de cada diez mexicanos tengan poca o ninguna confianza en los partidos políticos; mientras que seis de cada diez sostienen que no están viviendo en una democracia.