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lunes 2 de agosto de 2021
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Los 90 de Menem

Carlos Menem cumple 90 años, aunque nuevamente internado. Hace más de veinte años que dejó de ser el presidente de los argentinos. Su nombre habita un silencio. Nombrar a Menem es entrar en problemas. Fue votado y reelegido, fue presidente diez años y su resultado histórico se resume en un hecho comprobable: sólo se habla mal de él en público. Creó una época y creó también las coordenadas de su propia condena histórica: un político es muchas cosas hasta que, los más selectos, hacen su trazo definitivo. De ese “giro” no se vuelve. Menem fue muchos Menem. Solidario con los Montoneros, solidario con Isabel, preso de la dictadura, renovador, plebeyo y periférico. Pero morirá como un peronista liberal. A todo pragmatismo le llega su última estación. Hace quince años Menem vive en un ostracismo particular. Un ostracismo con privilegios: los de un expresidente, los de una senaduría casi vitalicia que le concede el pueblo riojano. ¿Qué queda, entonces, de Menem? ¿Para qué desempolvar esa sombra terrible? Pensar esa década y esa figura se hace con lo que nos permite la distancia: no escribir eso en lo que estamos todos de acuerdo. Aunque tampoco apurar un gesto que engulle todo orden democrático en un mismo orden o toda política en una realpolitik (como si se pudiera contemplar lo que le salió bien no importa qué le salió bien), acaso tampoco un collage de peculiaridades al que se vuelve como una arqueología de revisionismo kitsch.

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