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viernes 17 de septiembre de 2021
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Los datos recopilados por las aplicaciones ya se usan como armas

Finalmente ocurrió. Después de años de advertencias por parte de investigadores, periodistas e incluso gobiernos, alguien usó los altamente confidenciales datos de ubicación de una aplicación para teléfono inteligente para rastrear y acosar públicamente a una persona en específico. En este caso, el boletín informativo católico The Pillar dijo que utilizó los datos de ubicación vinculados a Grindr para rastrear los movimientos de un sacerdote, y luego lo denunció públicamente como potencialmente gay sin su consentimiento. The Washington Post informó que tal denuncia provocó la renuncia del sacerdote.

Esta noticia demuestra claramente no solo el inherente poder de los datos de ubicación, sino cómo la oportunidad de ejercer ese poder se ha filtrado desde las corporaciones y agencias de inteligencia hasta prácticamente cualquier individuo común que esté en descontento, no tenga escrúpulos o sea peligroso. Un mercado creciente de recopiladores y vendedores de bases de datos provenientes de innumerables aplicaciones ha hecho que cualquier persona, con un poco de dinero y esfuerzo, pueda averiguar qué teléfono, en un conjunto de datos anónimos, pertenece a un objetivo en particular y abusar de esa información.

«Los expertos nos han advertido durante años que los datos recopilados por las empresas de publicidad de los teléfonos inteligentes podrían usarse para rastrear a las personas y revelar los detalles más personales de sus vidas. Desafortunadamente, tenían razón», le dijo el senador estadounidense Ron Wyden a VICE en un comunicado, en respuesta al incidente. «Los corredores de datos y las empresas de publicidad le han mentido al público, asegurándole que la información que recopilan es anónima. Como demuestra este terrible acontecimiento, esas afirmaciones eran falsas: sí se puede rastrear e identificar a las personas».

vice.com  (www.vice.com)