Los «deepfakes» ladran mucho y muerden poco (por ahora)

«Los humanos han estado alterando imágenes desde mucho antes de que los ordenadores estuvieran disponibles», señala Boris Radanovic, representante del Centro para un Internet Seguro durante su intervención en una sesión de CONNECT University, el foro de la Comisión Europea para la exploración del futuro digital. El mismísimo Photoshop ni siquiera existía antes de 1988. Por otra parte, estamos continuamente expuestos a imágenes artificiales: basta con ir al cine. Entonces, ¿por qué nos asustamos tanto cuando esas escenas las genera una red neuronal? ¿ Qué tienen los deepfakes que nos quita el sueño? «Esta tecnología puede aplicarse en videos corrientes y puede ser usada por cualquiera con una capacidad tecnológica semidecente y algo de tiempo libre».

Y aún así, el temor no es nuevo. Radanovic lo prueba citando un artículo del diario británico The Independent: «Con la llegada del software informático sofisticado y las imágenes digitales, casi cualquiera puede alterar la realidad. Y pueden no ser detectados jamás». La pieza, publicada en 1998, hablaba de Photoshop. Para Radanovic, el problema no está tanto en los deepfakes como en el momento en que están ocurriendo, en pleno reinado de las noticias falsas y con poder de la desinformación ampliamente demostrado. «Vivimos tiempos en los que necesitamos no asumir nada y cuestionarlo todo».


Sin embargo, los deepfakes siguen siendo una tecnología relativamente joven. «Tenemos muchos retos por delante con este fenómeno. Debemos buscar las posibles influencias positivas de la tecnología que tiene detrás», afirma Radanovic. El experto imagina la generación de un espectáculo de ballet con una coreografía largo tiempo olvidada o sencillamente un avance tecnológico que genere nuevos empleos. En su opinión, lo que ocurre en el mundo digital no es sino un reflejo de lo que ocurre en el mundo real, nuestra imagen en el espejo. «Centrar nuestros esfuerzos en arreglar es espejo es literalmente tratar de arreglar el reflejo un problema que está en nuestra sociedad», señala. «Creo que muchos temores del mundo digital provienen de gente que no conoce su función».