Los desafíos de YouTube en la era de la violencia y la discriminación en redes sociales

Hace unos días YouTube fue el centro de las críticas por no moderar adecuadamente los videos del youtuber norteamericano Steve Crowder, quien ofendió por su preferencia sexual al periodista Carlos Maza, del sitio de noticias estadounidense Vox. Inicialmente, YouTube se resistió a actuar porque el video no violaba sus políticas, pero la demanda de los usuarios modificó el punto de vista de la compañía. El tema escaló y la CEO de la compañía, Susan Wojcicki, tuvo que pedir disculpas a los usuarios y el particular a la comunidad LBGTQ (lesbiana, gay, bisexual y transgénero y queer, por sus siglas en ingles) al tiempo que dejó muy en claro el objetivo de la plataforma líder de videos: «bajaremos todo el material que resulte ofensivo, pero no estoy de acuerdo con ver el material antes de subirlo», explicó Wojciki durante un evento de tecnología la semana pasada.

Dentro de los parámetros estadísticos, YouTube muestra la realidad de sus números: es el segundo buscador más grande del mundo (después de Google), todos los días se ven mil millones de horas de video y por minuto se suben 500 horas de video. En particular, en la Argentina, y según un estudio de Ipsos, el 78% de los argentinos mira videos de YouTube todos los días, el 86% de los adolescentes argentinos (entre 16 y 20 años) mira videos todos los días. El 80% de los argentinos mira videos de YouTube para entretenerse y el 67% para aprender algo nuevo.


En este contexto LA NACION conversó con Amy Singer, directora de alianzas estratégicas de YouTube para América latina. De cara a eventos importantes como las elecciones generales de octubre y la actual Copa América de fútbol, la ejecutiva abrió un espacio de discusión en un encuentro en Buenos Aires con diferentes medios y anunciantes para mejorar la utilización del video como herramienta de comunicación y conexión con las audiencias.