miércoles 29 de junio de 2022
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Los edulcorantes, el laberinto en el que nos perdemos diariamente

Antes, al leer la etiqueta de un producto, leíamos azúcar o sacarina y ya sabíamos qué nos estábamos metiendo entre pecho y espalda. Sin embargo, ahora el panorama se ha enriquecido con edulcorantes que, aunque descubiertos hace décadas, suelen causar cierta perplejidad pues no tenemos la menor idea de cómo se han producido, ni cuál es su origen e incluso algunos se preguntan sobre sus posibles repercusiones en la salud: aspartamo, acesulfamo K (E950), tagatosa, glucósidos de esteviol… ¿Te has perdido ya? No te preocupes, vamos a ver si seguimos el rastro de estos productos y acabamos con esa ignorancia supina.

Todos ellos han sido concienzudamente estudiados por las diversas agencias de seguridad alimentaria y se consideran seguros siempre que se respeten unos umbrales de ingestas diarias. Empezamos por el más popular, pero no por ello el menos exento de polémica, pues en internet lo muelen a palos en diversos blogs. No obstante, parece ser que el temor es infundado y el aspartamo es inocente de los cargos que se le imputan. Vamos a verlo.

“Es un polvo blanco e inodoro, aproximadamente 200 veces más dulce que el azúcar. En Europa, está autorizado para ser utilizado como aditivo alimentario en alimentos como bebidas, postres, dulces, lácteos, chicles, productos para reducir la energía y controlar el peso y como edulcorante de mesa”, explican en la web de la Agencia de Seguridad Alimentaria (EFSA, por sus siglas en inglés).

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