Los emoji ya han llegado a los tribunales. Y el sistema judicial aún no sabe muy bien qué hacer con ellos

Una ardilla, un cometa, una botella de champán y el signo de la victoria. Según un juzgado israelí, suficiente aval para condenar a una pareja por acordar verbalmente la reserva de un piso con un casero y posteriormente, sin aviso alguno, elegir otro. Son muchos los ejemplos de cómo los emoji se están infiltrando en los tribunales, y cómo de su interpretación penderán numerosos casos futuros.

¿Por qué? El caso israelí es significativo: la pareja condenada alegaba que no había llegado a ningún compromiso firme con el casero. El juez, al interpretar la utilización de los emojis, llegó a la conclusión de que sí había una manifiesta voluntad (entusiasta, para más señas) de respetar el contrato verbal. Y que por tanto debían indemnizar al casero por elegir otro piso más tarde.