Los Fernández y la audacia de inventar un kirchnerismo moderado y sustentable

Como cuando Néstor Kirchner estaba vivo. Así volvió a golpear ayer Cristina Fernández. Con un movimiento, la ex presidenta se adelantó a todos sus rivales, sorprendió con una jugada audaz y se corrió del centro sin resignar el poder. Con su sola ubicación en la fórmula, potenció el lugar decorativo destinado al vicepresidente y lo convirtió en otra cosa. CFK ya era la dueña de la iniciativa y mostraba una cara que no beneficiaba a Mauricio Macri: ahora busca reescribir su nombre en la historia con un gesto, que no rifa su potencial electoral y la para por encima, como verdadera jefa.

La mujer más invocada de un tablero previsible le cedió su lugar a un hombre sin poder propio. Para recuperar al peronismo, para sumar indecisos, para que “kirchnerismo” y “moderado” dejen de ser oxímoron en el diccionario de los factores de poder.


La senadora hizo, además, algo fundamental: elevó el nivel de la política para adaptarlo al tiempo del ajuste, el sacrificio y el endeudamiento récord. Como espejo refractario de aquel Macri que aseguraba a los que menos tienen que no iban a perder nada en su gobierno, ahora es ella la que con Alberto Fernández les dice a grupos empresarios, fondos de inversión y Fondo Monetario que no tengan miedo porque “es con todos”. Es la audacia de un cristinismo conservador que pretende ganar las elecciones con el mayor margen y promete gobernar en un contrato social. Con menos estridencia y más negociación, vestirse de sustentable, en un intento como el de Lula con Dilma y a la espera de un mejor final.