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domingo 26 de septiembre de 2021
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Los fondos de inversión bañan de oro a las estrellas de rock

Neil Young nunca ha desvelado de qué hablaba en su canción Time Fades Away, grabada en su álbum del mismo nombre en 1972. Por eso sus numerosos fans siguen especulando con la realidad detrás de las metáforas, y muchos coinciden en que trata del miedo a “que la vida pase y quedarse estancado”. No es descabellado pensar que esta fuera una de las inquietudes del músico canadiense si atendemos al título (“el tiempo se desvanece”), y podría explicar que ahora, a sus 76 años, haya decidido vender su cancionero a un fondo de inversión. Concretamente, el 50% de los derechos sobre las 1.180 composiciones que el legendario rockero ha escrito a lo largo de más de medio siglo ha ido a parar a la cartera del fondo británico Hipgnosis Songs Fund por un valor que la revista Variety, citando a “fuentes de la industria”, situó en unos 40 millones de euros.

El interés del sector financiero por la rentabilidad de las canciones de músicos de éxito no es nuevo, aunque sí se ha acelerado en los últimos años. En el año 2009, el gigante del capital riesgo KKR se hacía con una participación en BMG Rights Management (la división de derechos musicales de Bertelsmann) por un valor estimado en unos 250 millones de euros. La primera adquisición de la nueva alianza fueron las 8.000 canciones del catálogo de la editorial Crosstown Songs American, que incluía derechos sobre temas superventas como Toxic, de Britney Spears; Livin’ la vida loca, de Ricky Martin, o All I Wanna Do, de Sheryl Crow.

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