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lunes 26 de julio de 2021
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Los hijos bastardos de Hayek

Un relato obstinado sobre los últimos años pretende que el populismo de derecha es una reacción social contra algo llamado neoliberalismo. Suele definirse el neoliberalismo como un determinado fundamentalismo mercantil, o como la creencia en un conjunto básico de ideas: todo en este mundo tiene un precio, las fronteras son obsoletas, la economía mundial debería reemplazar a los Estados nación y la vida humana es reductible al ciclo de ganar, gastar, tomar crédito y morir.

Por el contrario, la «nueva» derecha creería en el pueblo, en la soberanía nacional y en la importancia de la cultura. Hoy que los partidos tradicionales pierden cada vez más votos, las élites que promovieron el neoliberalismo estarían cosechando los frutos de la desigualdad y la erosión de la democracia que sembraron.

Pero este relato es falso. De hecho, basta prestar atención para notar que algunas facciones importantes de la derecha emergente son cepas mutantes del neoliberalismo. Después de todo, los denominados partidos «populistas de derecha», desde Estados Unidos hasta Gran Bretaña y Austria, no son ángeles vengadores que habrían sido enviados a destruir la globalización económica. No tienen ningún plan para someter al capital financiero, restaurar las garantías laborales de la época dorada ni terminar con el comercio mundial.

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