Los inmigrantes que nadie quiere

Un miércoles reciente, cerca de 75 guatemaltecos descendieron de uno de los tres vuelos chárter programados para ese día. El grupo, conformado por personas deportadas de Estados Unidos, fue llevado a un hangar donde las autoridades les dieron una bienvenida indiferente: un saludo, algunos alimentos y un boleto de camión para llegar a su destino.

La relación del gobierno guatemalteco con los deportados terminó ahí. Al considerarlos una carga, e incluso una vergüenza, la sociedad y el Estado guatemaltecos no tienen ni la capacidad ni la voluntad de ayudar a los cientos de migrantes que han sido enviados de regreso a casa.


Sin duda, reintegrarlos es un desafío, pero también lo es no hacer nada. Tanto Guatemala como Estados Unidos tienen mucho más por ganar si aprovechan el capital económico, social y político con el que estos migrantes regresan a su país.