domingo 9 de diciembre

Los jóvenes islandeses están dejando de hablar islandés. ¿El culpable? Internet

Durante siglos, Islandia ha sido una rara avis dentro de la pequeña pero muy celebrada cultura escandinava. La isla fue colonizada a finales del siglo IX por exploradores noruegos y suecos, y desde entonces permaneció como una dependencia de los diversos y lejanos reinos continentales de Suecia y Dinamarca. Aislada, remota y arisca, sus pocos habitantes se mantuvieron al margen de los vaivenes lingüísticos que moldearon las modernas lenguas nórdicas.

¿Resultado? A día de hoy, el islandés es casi tan raro como la propia Islandia. El idioma es lo más parecido a nórdico antiguo que aún pervive entre las lenguas germanas. Al contrario que el noruego, el danés y el sueco, mutuamente inteligibles, ningún nórdico continental podría entablar una conversación con un homólogo islandés en su lengua. No es que a los islandeses esto les haya preocupado mucho: su lejanía hacía improbables los contactos con otros países.


Gracias a tan particular desarrollo histórico, la lengua, con apenas 300.000 hablantes hoy en día, se ha mantenido congelada en el tiempo, pero viva. Islandia se independizó de Dinamarca durante la Segunda Guerra Mundial, y consagró al islandés como la única realidad lingüística imaginable en el país. Frente a otros idiomas remotos y diminutos, como el galés o el vasco, el islandés jamás tuvo que competir en un sistema de diglosia. Los niños islandeses hablaban islandés y nada más.

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