Los Klarsfeld: el matrimonio que lleva medio siglo cazando nazis

Desde que un flechazo unió sus vidas en el metro de París una tarde de 1960, Serge y Beate Klarsfeld se han dedicado a tres cosas: amarse, discutir y seguir el rastro de los peores criminales nazis huidos u ocultos tras la II Guerra Mundial. Llevaron al banquillo a verdugos como Klaus Barbie, Kurt Lischka o Herbert Hagen. Se les escapó Alois Brunner: es su única espina clavada.

Seguro que Klaus Barbie, El carnicero de Lyon, se pasó el resto de su vida maldiciendo contra aquel inútil miembro de las SS que no supo mirar tras el falso fondo del armario. Del armario en el piso de Niza donde se ocultaban el pequeño Serge Klarsfeld, su hermana Geor­gette y su madre, Raïssa. El padre de familia, Arno Klarsfeld, judío y miembro de la Resistencia, que había instalado la trampilla salvavidas, acababa de ser detenido por la escuadrilla que lideraba el siniestro Alois Brunner aquel 30 de septiembre de 1943. La de Niza fue una de las peores redadas antijudías de la historia. Arno Klarsfeld terminaría siendo deportado y posteriormente asesinado en Ausch­witz. Y el pequeño Serge acabaría convirtiéndose años después, junto con su esposa, Beate, en el mayor cazanazis de la historia con permiso de Simon Wiesenthal, el otro gran depredador de las ruinas del III Reich.