viernes 16 de noviembre

Los lobos de Wall Street no reparan en las minucias de la política

Mauricio Macri se precipitó al festejar, al atardecer de un feriado que no lo fue para el establishment, la aprobación del acuerdo con el Fondo Monetario en su directorio ejecutivo y la recalificación del mercado local a “emergente” por parte de Morgan Stanley Capital Investment (MSCI). Pero lejos de haber terminado con la crisis que desataron la corrida cambiaria y la decisión oficial de responderle con la devaluación del peso más brusca desde 2002, esas dos noticias prometen acarrearle al Presidente nuevos dolores de cabeza en lo que resta de su mandato. Las turbulencias, como se puso de moda decir en la Casa Rosada, tendrán como epicentro el Banco Central, donde acaba de desembarcar el más cotizado equipo de purasangres de Wall Street liderado por Luis “Toto” Caputo.

Apenas termine de disiparse el humo mundialista, la oposición saldrá a bloquear el plan que pactó Macri con el Fondo para desarmar la bomba de tiempo de las Letras del Banco Central (Lebacs). El argumento es potente: que el mecanismo implica endosarles a todos los contribuyentes el costo de los jugosos intereses que redituó el ciclismo financiero durante los dos años y medio de la fallida gestión Sturzenegger-Llach Jr. ¿De qué modo? Mediante una triangulación: en el memorándum de entendimiento (página 12), el Tesoro se comprometió ante el FMI a devolverle al Central “una porción significativa” de los dólares de sus reservas que usó para pagar deuda externa en los últimos años, a fin de que con esos fondos rescate gradualmente las Lebacs sin emitir más pesos. El Central le devolvería al Tesoro esas letras intransferibles, que rinden un interés bajísimo, pero el Tesoro debería asumir nuevas deudas para girarle los fondos. A un interés mayor, por supuesto, que el 0,16% que pagan esas letras.


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