lunes 17 de diciembre

Los muchachos gradualistas

Juan Maquieyra es una de las promesas del PRO. Lidera (como llaman los cambiemitas a lo que en lenguaje peronista significa “conducir”) una agrupación de jóvenes cuadros que discuten política y ponen el énfasis en la periferia. “Trabajamos para los más desprotegidos”, sostiene Maquieyra. No lo dice pero, además, se sienten la plebe dentro del Partido de los privilegiados: los que no egresaron del Newman, los que no provienen de ninguna empresa mainstream, los que no pertenecen al “corredor norte”. Los que así y todo creen tener un futuro promisorio en la Argentina que viene. Como Vidal.

A falta de cuna de oro, atesora su propio mito de origen: “la pregunta incómoda a Cristina en Harvard”. Fue en septiembre de 2012 cuando aún no se cumplía un año del 54 por ciento. Maquieyra estaba cursando su Maestría en Políticas Públicas primermundista. Esperó su turno en la fila, le consultó a la Presidenta si pensaba cambiar la Constitución para reelegirse, y escuchó la respuesta de fastidio con cara de buenito. Fueron apenas dos minutos y medio en los que abrió de par en par su “ventana de oportunidad” (otro término de la jerga macrista).


Un lustro más tarde, a los treinta años, pasó a presidir el Instituto de Vivienda de la Ciudad, institución con caja que se ocupa de asuntos estratégicos. Está exultante por la consolidación del gobierno en las urnas, pero mantiene cierta pose de cautela como dictan los manuales del buen ganador.

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