sábado 13 de agosto de 2022
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Los muertos por cáncer, las otras víctimas de los atentados del 11-S

Vidrio molido. Hollín. Benceno. Cemento en partículas. Veneno. Durante semanas Manhattan quedó entre las tinieblas de una nube tóxica. Las Torres Gemelas se habían venido abajo en una mañana de sol, desatando en su caída una polvareda espesa y gris que cubrió calles, autos, edificios y a miles de rescatistas, sobrevivientes y vecinos del downtown.

El aire olía a espanto. Poco después de los atentados, una argentina en Nueva York contó a Clarín que el olor le recordaba a cuando, de chica, su tío “quemaba los restos de la cena con querosene”. Carne quemada.

Bomberos y voluntarios trabajaron en medio de esa tormenta de polvo hediondo sin la protección adecuada. También la sufrieron los sobrevivientes. Y los neoyorquinos que regresaron a sus oficinas cerca del Ground Zero de manera prematura, en un intento por devolverle a la ciudad un tono de normalidad.

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