Los múltiples dilemas de un presidente «pesificado»

Un prestigioso economista argentino explicó días atrás, ante colegas extranjeros, que «Mauricio Macri está pesificado». Se refería al fenómeno que rige la dinámica política desde que, en abril pasado, comenzó la incertidumbre cambiaria. La imagen presidencial se devalúa con el peso, y se recupera cuando la moneda se estabiliza. Esta correlación es tan automática que, para la Casa Rosada, las posibilidades de reelección de Macri disminuyen en la medida en que aumenten las de una corrida hacia el dólar. El temor a esa tormenta ha determinado, en los últimos días, un cambio de conducta en el núcleo más íntimo del oficialismo. El Presidente restauró su relación con Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal, dañada desde septiembre.

El resultado es la incorporación de esos dos dirigentes al equipo de campaña que lidera Marcos Peña. También precipitó un acercamiento del radicalismo hacia Roberto Lavagna.


El impacto del tipo de cambio sobre la candidatura de Macri es el síntoma de un problema más complejo. La demanda de dólares se explica por la perplejidad electoral. En especial por la evidencia de que Cristina Kirchner sigue siendo la candidata más competitiva del PJ. Los radicales conocen ese calvario. La aprensión que en el ocaso del gobierno de Raúl Alfonsín provocaba el avance de Carlos Menem, con su bandera del salariazo, desmoronaba el Plan Primavera. El 6 de abril de 1989 Clarín titulaba «El dólar cerró a 48 australes y las tasas están muy altas». Estaban en 31%, en el peor de los casos.