lunes 10 de diciembre

Los niños pobres escuchan 30 millones de palabras menos que quienes reciben estímulos: “Hoy la grieta no es política, es de lenguaje”

Argentina no es la excepción de lo que sucede en casi todo el mundo. El nivel socioeconómico es un fuerte vaticinador del futuro educativo de un chico. No solo en cómo rinda en un examen, en qué nota se saque en una prueba o cuántas materias se lleve. La principal imposibilidad con la que se topan los niños de familias más pobres es el lenguaje.

“Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”, dijo alguna vez el filósofo austríaco Ludwing Wittgenstein. La misma frase la utiliza como punta de partida el informe “El lenguaje en la era de la exponencialidad”, que elaboró el Grupo Competir, especializado en el desarrollo de videos y juegos educativos.


El lenguaje se adquiere de distintas maneras: en la dinámica escolar, en conversaciones familiares, canciones, lecturas propias o de los padres, a partir de videos. En cada una de esas vías influye la posibilidad socioeconómica, el capital cultural que exista en la casa, cuántos libros haya a disposición en la biblioteca familiar, qué tipo de vocabulario se hable en el hogar.

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