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domingo 29 de noviembre de 2020
Cursos de periodismo

Los nuevos enemigos de Nicolás Maduro

Hace casi un año, un ser querido estuvo cerca de morir. Para poder acompañarlo mientras se recuperaba, debíamos cubrirnos con guantes, bata estéril y cubrebocas. Comprábamos mascarillas por cajas (eran baratas y fáciles de conseguir) y no se nos ocurría traspasar la puerta de su habitación sin la nariz y la boca cubiertas.

Meses después, pasado el peligro, el mundo empezó a lavarse las manos con obsesión y a vaciar los estantes de cubrebocas.

Ahora la mascarilla (cubrebocas, barbijo, nasobuco) es al mismo tiempo símbolo del capitalismo y un caso de estudio de las cadenas de suministro global. Es una señal de cortesía entre vecinos, un objeto fotografiado mil veces —en el rostro abatido de enfermeras, o descartado e inservible en la calle—, una bandera política para quienes, como el presidente Trump, consideran que no es necesario llevarla. Es, también, una mercancía falsificada y traficada por mafias y, para algunos, puede ser la diferencia entre la vida y la muerte.

nytimes.com  (www.nytimes.com)